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Zaffaroni analizó la crisis del 2001 y advirtió al Gobierno: "Lo peor que le puede pasar es perder su identidad"

El exjuez de la Corte Suprema reivindicó el "que se vayan todos", la gestión de Néstor Kirchner y repasó los hechos que llevaron al estallido social del 2001.


Foto: Télam

A pocos días de cumplirse 20 años del estallido social del 19 y 20 de diciembre de 2001, el exjuez de la Corte Suprema y actual magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Raúl Zaffaroni, aseguró que de los "tristes hechos" de hace 20 años se debe extraer un mensaje de "racionalidad" del pueblo y definió en un mensaje al gobierno de Alberto Fernández: "Lo peor que le puede suceder a cualquier fuerza política no es perder una o más elecciones, sino perder su identidad".

"Personalmente creo que los tristes episodio de 2001 cobran relevancia para el presente y para el futuro. Estimo que quede el correcto análisis de su significado en el contexto crítico de hace 20 años, es de donde debemos extraer el mensaje de racionalidad y sabiduría que envió el pueblo en aquel momento y que nunca se debiera olvidar en la vida política, no sólo en la vida política nacional, sino me atrevería a decir que mundial", opinó el magistrado.

En su columna semanal en La García por AM750, Zaffaroni "advirtió que "cuando en un país como el nuestro, en un país del sur, en una posición suele geopolíticamente de ventajosa en una coyuntura que es indispensable gobernar, tomar medidas significativas, superar la situación crítica. Si alguien se dedica simplemente a administrar, estamos en un gravísimo peligro social e institucional".

El "hastío" de los 90 que llevó al 2001

Luego repasó los hechos políticos y económicos del último año de la década del 90 que llevaron al estallido social del 2001. Enumeró que "se habían sorteado algunos años gracias al festival de venta del Patrimonio Nacional, con las privatizaciones" y que en consecuencia, "la sociedad estaba hastiada de la prédica constante, de la bondad, de la desregulación y del sonsonete de la maldad del Estado".

"Este vaciamiento, que diría bueno, diría irresponsable, colonialista de la ideología, había abierto un enorme espacio para negociados y se sostenía la famosa convertibilidad como la panacea contra la inflación. El pueblo había votado por una alianza que, como toda la historia, salió mal", recordó y siguió: "Nadie se había percatado, parece que nuestro costo de producción con la dolarización no eran competitivos, con la exportación agrícola no alcanzaba. Nos endeudamos".

En este sentido, reivindicó la frase "que se vayan todos" al asegurar que "no era efecto de ninguna reacción emotiva primaria, de pura emocionalidad, sino era la más racional de la respuesta que daba el pueblo".

"Menem provocó la catástrofe con su ministro Cavallo. Se votó a De la Rúa y Álvarez para que lo supere. Álvarez se pelea y desaparece. De la Rúa sigue con la convertibilidad rumbo a una catástrofe mayor, y cuando llega la catástrofe llama Cavallo al sumo sacerdote que había generado el problema que no resolvía, pero que lo habían votado para que lo resuelvan. El causante de la génesis del desastre", cuestionó Zaffaroni.

La crisis política del 2001 es, para el actual magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, una "crisis de identidades, de carencia de autoridad", de la "evidente incapacidad para gobernar". "Se trataba de una anomia política. Y la historia posterior es conocida: se logró recuperar la racionalidad dual de donde se animó a quemarse la mano con ese hierro candente", señaló.

Néstor Kirchner y la "identidad"

Y resaltó la gestión de Néstor Kirchner desde 2003: "El pueblo votó con cierto desgano, digamos la verdad, a un personaje desconocido que venía de la Patagonia y lo votó ante el riesgo de riesgo de volver a Menem. Pero hay una regla y la regla es que tiene la política. Mejor dicho que la política y el vacío se rechazan y por ende no hay vacío político que no se llene. Aunque no cualquiera tenga las condiciones para llenarlo. Pero ese personaje casi desconocido se puso a gobernar en serio".

"Enfrentó a quienes se le exigía que enfrentarse generó conflictos y todos, todos fueron volviendo a saber quién estaba de un lado y quién del otro. El movimiento popular recuperó identidad. El pueblo tuvo orientación. La aguja de la brújula había dejado de girar locamente y volvió a marcar el norte. La anomia se superó. A veinte años de distancia, en homenaje reflexivo a las víctimas provocadas por el absurdo al que el pueblo respondió es racional que se vayan todos", consideró el exjuez de la Corte Suprema.

En conclusión, Zaffaroni remarcó que "la enseñanza" de diciembre de 2001 es que "lo peor que le puede suceder a cualquier fuerza política no es perder una o más elecciones, sino perder su identidad. Y al mismo tiempo, al mismo tiempo, esa pérdida de identidad. Es también el peor daño.

"Cualquier fuerza política le puede inferir al pueblo porque lo desconcierta y lo lleva a la anomia. Y también también sabemos que el pueblo responde con un racional que se vayan todos, que no es más. No es más que la señalización del momento de vacío, de oquedad de la política. La orfandad en que está deja el pueblo en esa crisis de identidades políticas. Como siempre, tarde o temprano alguien a quien le da la talla llega y llena el hueco. Retoma banderas. Llama la lucha. Convoca y la anomia se supera de este juego. Y eso es lo que tenemos que aprender", finalizó.

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