En comunicación con Las 40, el filósofo y escritor José Pablo Feinmann repasó la historia del 17 de octubre de 1945.

Feinmann:

La fecha del 17 de octubre debe ser recordada en lo esencial que tuvo, que fue la movilización popular. La CGT había declarado un paro el 18 de octubre porque el coronel Juan Domingo Perón había sido apartado de su cargo. Un cargo que había ejercido muy bien, favoreciendo mucho a la clase trabajadora, ganándose el el afecto y la adhesión de la masa popular. 

Si bien la CGT había decretado el paro para el día 18, el 17 las bases populares decidieron salir por su cuenta a pedir por la libertad del coronel. Es un acto libre, casi espontáneo, de gran potencia. Quienes lo protagonizan saben muy bien por qué van y qué es lo que quieren.

Ese día vienen obreros de todo el conurbano a la capital a pedir por la libertad del líder de los trabajadores. Ese 17 de octubre se dio inicio al peronismo y de un modo brillante. Ese fue el mejor momento de Perón y del pueblo peronista. Es una movilización pacifica, numerosa, fervorosa y políticamente muy lúcida. Nadie estuvo detrás de las organización de esta movilización, sino que fue autónoma.

Fue una movilización genuinamente popular que logró su cometido. Perón estaba detenido en el Hospital Militar y al ver una movilización como nunca antes en la historia los militares lo mandan a llamar. Farrel le pidió a Perón que mande a toda la gente a su casa y Perón le dice que para hacerlo debía anunciar las elecciones libres. Farrel le dijo que les diga lo que quisiera pero que saque de la plaza. Ahí es cuando Perón sale al balcón de la Casa Rosada y por primera vez tiene un contacto directo con el pueblo peronista. 

Perón alza sus brazos a lo campeón, como va a ser su costumbre y le dice trabajadores que pronto van a haber elecciones y esto satisface mucho a la clase obrera. Esto queda como acto mítico y fundacional del peronismo. Salió todo muy bien ese 17 de octubre y  perón consigue, junto con el apoyo de ese pueblo, elecciones para febrero de 1946. Ahí gana las elecciones y se establece la costumbre de que cada 17 de octubre Perón se reúna con su pueblo.  

Pocas veces el proletariado urbano fue tan decisivo y auténtico como cuando decidió movilizar ese 17 de octubre a la plaza. La movilización no fue manipulada en absoluto. Fue una movilización autónoma que tuvo su centro en la misma clase obrera.   

El 17 de octubre fue un día festivo y militante a la vez. Cada militante que llegaba a la plaza confirmaba la presencia del otro en ese acto y se potencian. Una movilización es el conjunto de las voluntades libres y autónomas que deciden ir en una misma dirección y ejercer sobre ese punto una fuerza masiva, política, lúcida que realmente puede conseguir sus frutos.