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Leo Messi y el mal de amores

Pablo Marchetti y algunas reflexiones sobre el cambio de página del crack argentino.


Leo Messi y el mal de amores

En la apertura de Aunque es de noche, Pablo Marchetti se refirió a la salida de Lionel Messi del Barcelona y su vínculo con el mal del corazón roto, o “Liebeskummer”, tal como se lo conoce en Alemania.

Reproducimos aquí una parte de las reflexiones del conductor:

“En estos momentos la noticia debe ser la más destacada en las portadas de todos los diarios y portales de noticias del mundo, o al menos de buena parte de la Argentina y de España. Lionel Messi deja de ser jugador del Fútbol Club Barcelona veinte años después de llegar al club, de hacer inferiores, después de formarse en La Masia. Luego de debutar en Primera y de ganar absolutamente todo con su club, el único en el que jugó en su vida, salvo categorías infantiles en Newell' s.

Messi se va del Barsa, Messi ganó 35 títulos con el Barcelona. Además, hizo 672 goles. Podría estar un rato largo hablando de estadísticas, todas son galácticas, superlativas. Obviamente, es el goleador histórico de Barcelona, pero no sólo eso: también ese goleador histórico de la Liga española, también es el futbolista que más partidos jugó en la Liga y el que más partidos jugó en el Barça. Antes de Messi el Barça había ganado sólo una una Champions League. Con las cuatro que ganó con Messi, suma cinco.

Entrar a los diarios y portales en este momento es ver que la noticia más importante tiene que ver con Messi. Pero aparecen, también, varias noticias que tienen que ver con Messi, y una de ellas, en un esquema que se repite en varios diarios, tiene que ver con el ánimo de Messi tras la ruptura con el Barcelona: shockeado, golpeado, abatido, son las palabras que se repiten una y otra vez.

Imaginen el asunto: Messi llegó a Barcelona con Antonella y con los chicos dispuestos a firmar un contrato para quedarse por cinco años más en Barcelona. Ellos ya están establecidos allí, los chicos van a la escuela, tienen su vida armada y, de repente, sin que lo decidan, se tienen que ir. Es lógico que a la familia de Messi no le guste mucho el asunto. Si lo miramos en comparación a la gente que se tiene que levantar a las 5 de la mañana a tomarse el Roca o el Sarmiento para hacer dos horas de viaje, para entrar en algún laburo con el que apenas llegan a fin de mes, parece joda. Y Messi no tiene derecho a quejarse y mucho menos estar triste. Ni que hablar si lo comparamos con quienes duermen en la calle, quienes tiran un colchón abajo de la autopista.

Pero todo es un asunto de contexto y de expectativas, por eso es lógico que Messi se sienta abandonado y, de alguna manera, despechado.

Dicho así, parece joda. Pero no, el mal de amor es un asunto serio. La ciencia descubrió que el mal de amor puede ser una enfermedad fatal. Por eso en Alemania existen médicos y psicólogos que tratan los síntomas de esta dolencia, que muchas veces se parece a una adicción. Quienes hemos estado enamorados sabemos que de amor o desamor también se sufre. El asunto puede tomar formas muy angustiantes, un dolor punzante en el corazón, depresión, llanto incontrolable. No digo que a Messi le esté ocurriendo esto en extremo, esto en este momento. Aunque de entrada tampoco lo descarto.

Sin embargo, a pesar de que sabemos que estos dolores del alma se traducen en dolores físicos, a nadie se le ocurriría, tras una ruptura amorosa, llamar a su jefe y decir “mire jefe, mi novia me dejó, sufro de desamor y tengo el corazón roto, así que no puedo ir a la oficina”. No es una excusa. Mucho menos se nos ocurriría llamar al médico de la obra social o ir a una clínica para que nos hagan un certificado por incapacidad, por sufrir mal de amores. No se nos ocurría aquí en la Argentina y en muchos países del mundo, pero hay otros en que eso sí sucede. En Alemania, por ejemplo, donde cada vez hay más médicos y psicólogos que consideran este mal el mal de amores como una enfermedad más.

En Alemania cada vez hay más centros especializados en curar corazones rotos. A esta condición se la llama Liebeskummer. Lieve por amor y kummer por pena. Por ejemplo, está el caso de Helen Heinemann, una médica y psicoterapeuta que sufrió una decepción amorosa y quedó hundida en una profunda depresión. Heinemann montó entonces un laboratorio donde comprobó los síntomas físicos del dolor del corazón y sus reacciones en el cerebro. Y, desde entonces, la médica montó su consultorio, en el que sólo atiende problemas de amor.

Podríamos decir entonces, siguiendo la base científica: “Tranquilo Lio, no hay problema, ¿dónde vas a estar mejor que en el Manchester junto a Pep Guardiola?” O “Barcelona ya fue Lio, andate a París con Neymar, Di María y Paredes que la vas a pasar genial”.

En fin, la cosa es que el mal de amores existe y lo puede sufrir cualquiera, inclusive el mejor futbolista del mundo. Y hay que cuidarse, por supuesto. Pero, a pesar de los cuidados necesarios, indispensables, que nada nos haga perder el placer del amor. El amor de verdad, el verdadero, el que vale la pena. Y cuando digo el amor de verdad, no es por buscar a una persona ideal, ni mucho menos la estupidez del príncipe azul. Hablo del amor. De ese sentimiento que podrá estudiar la ciencia, revelarmos cosas o constatar obviedades. Pero seguimos necesitando enamorarnos. A enamorarnos.

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