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El editorial de Pasajera en Trance

Marina Glezer le da voz al texto de Pablo Dipierri.


El editorial de Pasajera en Trance

Los nombres importan. Tanto como el proyecto.

Podrán gustarte mas o menos, te identificaras más o menos, te enamoraran mas o menos. Pero importan.

Y los que no te gustan, los que no te enamoran y esos con los que no te identificas, probablemente, tampoco se enamorarían de vos y tus ideas o no se identificarían con vos ni nada que se te parezca.

La razón por la que los nombres importan tanto como el proyecto es porque en la política también hay razones que el corazón no entiende.

En la política también se construye con el amor, en sentido afectivo, personal, emocional, cuerpo a cuerpo. Y el amor en sentido mas filosófico, al estilo griego, como sinónimo de Justicia. El amor mas alto. El amor al otro.
Pero ese otro no es como querés ni es lo que querés.

Comparte con vos, en todo caso, la angustia frente a un mundo que no comprende. La frustración ante los deseos que no concreta. Y la felicidad espontanea y fugaz cuando emboca una.

De cerca, nadie es normal pero casi todos nos parecemos. Eso sí. Trascendiendo la asociación instagramer entre cara y nombre, los nombres expresan estructuras, representan pedazos de sociedad, constituyen demandas concretas.

El problema de esta época, mas que los nombres, es que la lógica imperante diluye las expresiones, pasteuriza las representaciones, desdibuja las demandas para que entren en 280 caracteres de Twitter. Así, se empobrece la política. Se emputa la construcción. Se achata la voluntad popular.

Para que los nombres te gusten mas, la política tiene que robustecerse. Y para que la política se robustezca, hay que llenarla de nombres nuevos para cosas viejas o nombres viejos que se impugnaron tras las sucesivas derrotas culturales.

Nombres propios o sustantivos, sean concretos o abstractos. Hay que nombrar las cosas otra vez. Como antes pero ahora.

Hay nombres que faltan, claro. Nombres como poder. Nombres como acumulación. Nombres como guerra. Nombres como dependencia o colonialismo. Nombres como patria, muerte, venceremos.

Si, podemos seguir jugando a los nombres sin hablar de las cosas en serio. En definitiva, es lo que algunos quieren. Pero ya va siendo hora de que le pongamos los puntos a las íes.

Bienvenidos a este trance, y guarda con dormir la siesta al lado de los que te quieren acostar para toda la vida.

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