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Jeff Bezos y la obscenidad de la desigualdad

En su columna, Fernando Borroni habló sobre el viaje al espacio del fundador de Amazon y reflexionó sobre la brecha de la desigualdad mundial.


Jeff Bezos y la obscenidad de la desigualdad

Hay tiempos en donde el mundo parece estar partido en dos, pero en verdad estamos partidos en miles de piezas. Piezas que no encajan ya de tanto tiempo separadas.

No hay novedad por estos tiempos, pero todo indica que estos son los tiempos en donde se ha perdido el sano pudor y todo se desnuda en pleno invierno en tiempos en donde el cuero se quiebra por el paso del mismo tiempo.

Cuando queremos presentarle batalla a estos nefastos tiempos, no falta quien grite "ya pasó el tiempo". Pero como sabemos que el tiempo es un privilegio de quienes pueden esperar elegimos andar y pelear por no perder, por ejemplo, la vergüenza.

Qué bueno es sentir vergüenza de los desvergonzados que pagan 28 millones de dólares para dar un paseo por el espacio mientras el mundo se reduce en tiempo y espacio y son cada vez más los arrojados al abismo y los que huyen de un mundo que ya no tiene adónde ir.

Un mundo cada vez más desigual que hoy se muere asfixiado por la crueldad de un virus demencial, tan demencial y tan cruel como el hambre.

El mundo grita desde los balcones, eleva a sus dioses oraciones y batalla por ver el final de un virus. Pero no hay dioses que escuchen el dolor del hambre, ni balcones que se asomen ante el horror ajeno, ni batallas que se sueñen convencerlo porque parece que nunca hay tiempo.

Las miradas se fijan si en las grandes pantallas para ver el fuego que leva una nave en donde un hombre que dejó de ser hombre para ser un dios del mundano capital, cumple su capricho de pasear entre satélites apenas 11 minutos.

11 minutos no son nada. Si son el comienzo de un deseado sueño. Son una eternidad si la vida es una pesadilla harta y repetida. Qué bueno es entonces sentir bronca y no perder la bronca que genera la obscenidad y la que provoca que existan miles a los que nunca nada les provoca bronca.

Un adulto, un joven y una anciana, y su experiencia de flotar fue noticia en el mundo. Noticia de un mundo que idiotiza con aventuras ajenas a una masa de idiotas que de no poseerlos imposible sería que una anciana, un joven y un adulto puedan flotar y mucho menos ser noticia.

"Cada uno con su plata hace lo que quiere", grita el que todo lo tiene y muchos que nada tienen se hacen del coro convencidos que al menos si lo gritan, sienten que lo tienen.

Pero es cierto. El problema no es lo que hago. Un hombre con su plata. El problema es qué pasa con la de aquellos que esperan y esperan con los pies en la tierra enlodada y con el barro hasta el cuello mientras otros vuelan alto y más alto.

Quizás el problema sea que no se aguanta más un modelo de alguno, ya les aburre pisar la tierra y otros apenas pueden sostenerse de pie en ella.

Mientras algunos vuelan tan alto, la mayoría se entierran cada vez más bajo. Bueno, al fin y al cabo así fueron y serán las cosas desde el comienzo de los tiempos.

El problema no es que un hombre busque sentirse todopoderoso. El problema es que lo sea. Esa nave fue tan alto, para demostrarnos el tamaño de la brecha que nos separa de este mundo partido en dos por la desigualdad.

Seis países tienen en sus manos la cantidad de las vacunas que necesita el mundo. Podemos verlo en ese cohete. Y pudimos verlo en ese cielo celeste al 47 por ciento de la riqueza mundial en manos del 1 porciento de la población de este mundo.

Pudimos ver también en ese viaje que apenas 76 personas en el centro y sur de nuestro continente concentran la mayor riqueza de la región.

"Dense por enterados que esto no va a cambiar ni a detenerse", aseguran los voceros del poder. Por lo tanto, habrá que notificarles que tampoco se detendrá la denuncia, por más que la acusen de estéril.

La bronca se hace llamada y a la llamada más temprano que tarde acude a los pueblos. Llegará el tiempo en que el esclavo deje de elogiar a su amo. Y ese día el amo conocerá el temor que trae en su vientre la incertidumbre.

Llegará el tiempo en que los oprimidos aceptarán su condición y sabrán que a ella no llegaron por designio de un Dios, porque entenderán que ese Dios es parte de sus cadenas y romperán uno a uno de los eslabones.

Si las izquierdas perdieron el sur y las derechas marchan a paso firme hacia su norte, habrá que quemar los ropajes, incendiar los cielos y empezar una y otra vez con novedosos génesis, pero no creer jamás que el infierno por estar en llamas nos dará calor.

Habrá que empezar por no perder la indignación y seguir sabiendo que la indignación debe ser sabia de la acción para no morir en un tiempo ya sin tiempo.

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