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Clases presenciales: una apuesta a la muerte

El editorial de Felicitas Bonavitta en Las 40.


No puedo dejar de preguntarme si esta apuesta electoral basada en la muerte de la oposición tiene asidero. Imagino que si, se mueven mirando encuestas, trabajan eso que se llama marketing político y que del PRO a esta parte quedó más bien demonizado, hacer un candidato, fabricarlo en torno a mentiras. Un candidato que diga lo que el electorado quiera escuchar aunque después haga absolutamente lo contrario.

¿Pero es esto lo que ese electorado quiere votar? ¿Cuántos están contentos con una oposición que los manda a poner el cuerpo en un contexto prácticamente de guerra donde hay caídos todos los días y dónde la irracionalidad con la que plantean sus críticas se da de cara con la lógica de la ciencia?

El virus está acá, es real. Nos está matando y tenemos que reaccionar. No es que hay un gobierno que un día decidió recortar “libertades” como denuncia y hace bandera la oposición. 

¿Cuántos no logran darse cuenta? ¿Cuánto tiempo pueden pasar hasta darse cuenta? ¿Hasta enfermarse? ¿Hasta que enferme alguien de su entorno? Yo la verdad, sin encuestas en la mano, me animo a decir que de ninguna manera son la mayoría. Son una minoría que a diario debería ir desgranándose ante la contundencia del virus.

Larreta hace campaña mirando al abismo. Mauricio Macri defiende a un prófugo de la justicia. Patricia Bullrich atenta contra la campaña de vacunación.

Es cierto Mauricio Macri parece estar mendigando una oportunidad todo el tiempo, esperando que alguien se olvide una puerta abierta para meterse. No tiene nada decir que pueda resultar creíble después del desastre que dejó. Por eso se alimenta exclusivamente de los baches que le deja la mala comunicación de este gobierno y de posicionarse en contra de lo que pueda, sabiendo que tiene atención mediática vip, como toda su vida.

Si Mauricio no fuera Macri, si no tuviera plata para comprar algún canal, si no tuviera negocios compartidos con los dueños de los grandes medios, no tendría chances hoy en Argentina, ni siquiera de imaginarse, como lo hace, volviendo al poder político.

Si Mauricio no fuera Macri, ya lo hubieran citado a la justicia en las múltiples causas en las que tiene que dar explicaciones.

Es difícil que pueda ser candidato, no sólo por sus propias dificultades si no por las internas que en su propio espacio pero, no nos engañemos, Mauricio Macri ya ganó, ganó incluso mucho antes de ser presidente.

Vuelvo a la pandemia: los números en Argentina no aflojan, ayer 39200 casos y más de 500 nuevas muertes. Sin embargo mañana se caen las medidas más estrictas y a pesar de que muchas jurisdicciones prefieren por ejemplo, seguir con las clases virtuales, Larreta se destaca una vez más por forzar a estudiantes a exponerse, ellos y sus familias, a las consecuencias de un virus mortal.

El mismo gobierno porteño reconoce que la baja que notan en los contagios es mínima y no alcanza, no hicieron demasiados controles en estos días de todas maneras. Hablan de 2400 casos aunque ayer fueron más de 3000 en la ciudad de CABA.

¿Cuál es la necesidad de jugar con la salud de esa manera? La ciudad que administra Larreta es la más rica del país por lejos, y sin embargo no tocan un peso para garantizar dispositivos y conexión a los alumnos. Sin plata, pero con una buena campaña se presentan como defensores férreos de la educación.

Tampoco ponen un peso para acompañar a comerciantes o emprendedores, está claro.

De fondo la lógica que aplica Larreta, avalado por la Corte Suprema de Justicia, es la que recomendaba Mauricio Macri: “que muera el que tenga que morir”, sólo que formulada de otra manera. Es el individualismo extremo.

Ni una palabra le dedican a los docentes que murieron, nadie se hace responsable de esas muertes. Nadie de los padres o abuelos que seguramente se enfermaron por ese antojo de sostener la presencialidad a cualquier precio. Culpan a nación porque dicen, podríamos vacunar más rápido si nos mandaran vacunas, pero no hay culpables, nadie dice nada, de las muertes que se pudieron haber evitado, ni de la desastrosa situación en los centros de salud, no les importa.

No todos se exponen en esta cruzada que es realmente criminal, los que más se exponen son chicos y chicas que provienen de sectores más vulnerables, que tienen que utilizar el transporte público.
Los que más se exponen son los que viven en hogares más humildes y no tienen las condiciones para, por ejemplo, guardar aislamiento debidamente ante una determinada circunstancia.

“Las clases deben ser presenciales” dice el jefe gr gobierno, aseguran que hay datos científicos detrás de cada decisión que toman pero los datos no aparecen.

¿Por qué las clases deben ser sólo presenciales en este contexto? ¿Dónde lo dice? ¿Por qué estamos tan seguros que los contagios no se producen en torno a la escuela si ya sabemos que muchos chicos son asintomáticos y sin embargo pueden contagiar a sus padres o familiares? ¿Porqué? si hay estudios que indican lo contrario y si los contagios bajaron notablemente en la pcia de Buenos Aires cuando se suspendieron las clases pero no en CABA cuando decidió continuarlas.


Están jugando con fuego, jueces que dictaminan desde la comodidad de sus hogares, políticos que jamás se subirían o subirían a sus hijes al transporte público, dirigentes que mandan a furiosos libertarios a marchar con consignas ridículas pero sin embargo ellos, por las dudas, no se exponen.

En la semana se movilizaron, una vez más en el peor momento, aprovechando que pueden copar las calles porque la verdad nadie se las va a disputar a costa de fomentar muerte, es una locura, los medios de la derecha intentan poner micrófonos pero sólo se escuchan balbuceos e insultos, reclamos ilógicos, veneno del que ya conocemos, entonces mejor no escucharlos, mejor dejar la cámara y decir que quizás el gobierno se está equivocando, que el descontento es grande.

Y eso es prácticamente lo único que se ve en TV, lo que prevalece, nadie destaca las vacunas que llegan, eso no importa, nadie destaca a la mayoría de los Argentinos, que sí está de acuerdo con priorizar antes que nada la vida, porque esa es la verdad, la mayoría quiere sobrevivir a esta pandemia, la mayoría quiere llegar al final de esto con su familia entera, muchos lamentablemente ya no podrán, pero esa es la cuestión central, sobrevivir a este virus terrible, y la prensa independiente no lo va a contar, la realidad que se impone en este caso, como en tantos otros, va por otra vía.

Y más allá de pertenencias partidarias, más allá incluso de los errores de este gobierno que son varios, creo que la mayoría podemos distinguir la cuestión de fondo, hay un enemigo en común que es el coronavirus.

Y se pueden hacer básicamente dos cosas, trabajar para salvar la mayor cantidad de vidas posibles o ver en el virus un aliado político para sacar ventaja de quien tiene en este momento la obligación de tomar medidas que seguramente ocasionaran descontentos.

Pero una vez más, quizás esta vez con mucha más razón incluso, hay que tener en claro cuál es la disputa y tomar partido. La disputa es hoy entre la vida y la muerte, y debería encontrarnos a la mayoría del mismo lado.

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