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La escuelita de Toma y daca: geografía del “conurbano africanizado” y la historia del mirlo

Escrito por el 26 enero, 2021

En una nueva clase magistral de la escuelita de verano de Toma y Daca, el pedagogo de fuste, Julián Elencwajg hizo un repaso de la geografía del conurbano africanizado y contó la historia de ave Mirlo. 

“Los amantes de las crónicas de viajes tendríamos que alentar a Pablo Sirvén a que siga el ejemplo del escritor, periodista, político y militar argentino Lucio Mansilla y su clásico “Una excursión a los indios ranqueles” y pase una temporada con los hutus y los tutsis de Florencio Varela, escale el Kilimanjaro en La Matanza o navegue el río Nilo hasta llegar a San Isidro, uno de los territorios más cercanos a la civilización del Conurbano africanizado. De hecho, algunos habitantes de San Isidro lograron un avance tan grande en la mejora de sus usos y costumbres típicamente salvajes del Conurbano africanizado que incluso parecen porteños. Pero no hay que incentivar las divisiones, ni alentar los conflictos entre ricos y pobres sino tener una actitud relajada y despreocupada. Como dice el gobernador africanizado Axel Kicillof, `Hakuna matata´” introdujo Julián Elencwajg.

“Ya que esta clase está dedicada a África, chiques, voy a hablarles del mirlo, que es un ave que vive en el norte africano, Europa y Asia y fue introducido en Australia, Nueva Zelanda y América del Sur. El macho de la subespecie holotipo, la que está más extendida en Europa, es completamente negro, con el pico amarillo y un círculo también amarillo alrededor de los ojos y tiene un vasto repertorio de canto, mientras que las hembras adultas y los menores tienen un plumaje marrón”. 

“El mirlo es el pájaro que inspiró a Paul McCartney a componer el clásico de los Beatles “Blackbird”, que es la canción que Alberto Fernández pidió que toque en su despacho a cambio de cumplir su pedido de no comer carne. Habría que ver qué pasaría si en lugar de “Blackbird” tocara “Money (That’s What I Want)”, el clásico de Barrett Strong popularizado, entre otros, por los Beatles. Una versión de “Money (That’s What I Want)” interpretada en el despacho presidencial podría llegar a ser útil para impulsar paritarias que le ganen a la inflación y aumenten el salario real. En una de esas haya una nueva ola de beatlemanía que llegue hasta el Ministerio de Trabajo y la CGT y “Money (That’s What I Want)” se convierta en el himno de la recuperación económica de los trabajadores argentinos después de un 2020 en el que, según el Indec, la canasta básica tuvo un incremento superior a la inflación general”.  

“Si la fuerte suba de precios de los alimentos que hubo las últimas semanas no se detiene, una buena opción sería que un grupo de artistas de la Ciudad de Buenos Aires se una para grabar una canción con fines solidarios y se haga el festival CABA for África para recaudar fondos para los bonaerenses africanizados. También podría haber un plan económico que incluya medidas destinadas a que el precio de la comida sea más accesible, pero tal vez eso sea demasiado. Sobre todo si quien gobierna no cree en los planes económicos”.

“Y una opción extra para paliar el efecto del aumento del precio de los alimentos, chiques, sería aprovechar que el coronavirus anula el gusto y el olfato para reemplazar las comidas tradicionales por piedras o cartón y apostar a que tengan alguna propiedad nutritiva que aún no fue descubierta. ¡Ahí sí que Paul McCartney no tendría excusas para no cantar “Blackbird” en el despacho presidencial!

Sí, el panorama no parece muy alentador, ¡pero imagínense cómo sería con Macri! ¡E imagínense cómo sería sin pandemia! ¡E imagínense cómo sería con un plan económico! Lo bueno de esta época, chiques, es que todos recibimos invitaciones a imaginar escenarios alternativos todo el tiempo. “La imaginación al poder”, esa consigna tan famosa del Mayo Francés, finalmente se convirtió en política de Estado décadas más tarde en este páramo inhóspito y alejado del mundo conocido como Argentina. O tal vez todo sea un tributo al “Imagine” de John Lennon, que el movimiento cacerolero argentina conoce como “Supón”. Todo muy beatlemaníaco, sí”.