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Las emociones en campaña

Escrito por el 8 mayo, 2019

La columna de Fernando Borroni

La diputada Carrió afirmó: “Estoy harta de este país”. El senador Federico Pinedo dijo: “Me decepcionó la inflación”

Es interesante observar como los funcionarios de este gobierno comienzan a usar las palabras que de un tiempo a esta parte se vienen repitiendo a lo largo y ancho del país. Decepción, hartazgo, enojo, etc.

Me detengo en estas palabras que sintetizan el sentir de una enorme porción de la sociedad porque son las palabras que permiten avisorar por donde va a transitar la campaña electoral mas importante desde el comienzo la democracia.

La campaña electoral que definirá el presidente que asuma en diciembre del 2019, será una campaña psicológica, emocional que pondrá en un segundo plano una discusión política profunda.

Lamentablemente no se va a discutir un modelo de país, sino que se discutirá a partir de que lado caiga la balanza de las emociones. Entre Macri y Cristina o Cambiemos y el Peronismo vencerá quien pueda conducir las emociones del pueblo hacia algún lugar donde el votante sienta que puede canalizar esas emociones.

Algo similar pasó en el 2015. Mientras el kirchnerismo hablaba de que la Patria era el otro, de que el candidato era el proyecto y de los logros de su gestión, que eran pasado en términos de logros políticos, aunque presente en términos de goce de esos derechos, la derecha  construía un sujeto social ahogado de emociones violentas, que luego pudo conducirlas hacia el odio y mas tarde expresarla a través del voto.

Hay contextos en donde se ponen en juego las ideas, hay otros en donde lo político, lo medular de discutir un modelo en términos sociales, económicos queda en un segundo plano. Y todo indica que transitamos nuevamente esa senda.

Cambiemos buscará instalar el miedo a ser Venezuela porque siempre es necesario, construir  primero aquel lugar al que no se quiere o se teme llegar, para luego mirar de manera más generosa el lugar que tengo, por más miserable que este sea. El odio al peronismo, a Cristina será nuevamente la cruzada en la que avanzará el círculo rojo. Se buscará construir un «mal» mayor, que será ponderado como un mal infinitamente superior al propio mal que vive cada argentino en su propia casa. Y la oposición buscará capitalizar el enojo por las promesas no cumplidas, la decepción, cierta desesperación social.

Será una disputa electoral que buscará construir un votante que llegue sobre cargado emocionalmente frente a las urnas, a esto alguna vez Marcos Peña lo llamó «dar una batalla por el alma de la Argentina»

De ser así,  una vez más, se corre desde el campo nacional y popular con desventaja. Porque ellos con el poder de los medios monopólicos gozan de la impunidad, los espacios, el mayor alcance para hacer efectivo el objetivo de dicha cruzada.

¿Hay que poner en discusión el modelo social,  económico, en fin un proyecto de país? Sí, siempre. Pero sobre todo dar la disputa para poder canalizar las emociones. Canalizar las expectativas y los sueños de los argentinas es el desafío de toda candidatura política, pero hoy las emociones también la ganan la pulseada.

 En el 2015 Clarín logró que el odio a Cristina lo haga presidente a Macri, la pregunta de hoy es: ¿la decepción, el enojo, la bronca contra Macri, alcanza para que Cristina sea presidenta?

Y la respuesta es, no.

No todo voto contra Macri se transformará en un voto a Cristina (en el caso que decida ser candidata) y tampoco todo voto contra Cristina irá a Macri. Sin embargo, la política medular del circulo rojo para evitar que retorne la ex presidenta, será tras ese objetivo . ¿A quienes les conviene una elección donde se vote simplemente por rechazo al otro o a la otra?

En desatar esta trampa, este entramado estará la clave de los resultados electorales.

Quienes canalizarán esas emociones impuestas y esas que emergen con naturalidad ante la realidad inclinará la balanza de un lado o de otro.

Esta campaña exigirá bastante más. Pensar una campaña basada en la escucha, en el contacto directo de los candidatos con su gente y más lejos de las consignas rimbombantes. Alejarse de una campaña para los convencidos y para que luego ellos repitan como un «mantra» cada palabra.

En la política no vale el dicho que «un clavo saca otro clavo». Hay que volver a enamorar. Que el voto no sea un manera de huir, sino la elección por un camino para llegar a algún lado, no a cualquier lado»

Que sea lo racional y lo emocional quienes vayan a las urnas en el mayor equilibrio posible es el desafío de toda sociedad que se quiera sensata.